A la memoria de los peces
Sunday, November 2nd, 2008Sigo en Madrid, sigo escuchando a Silvio, sigo odiando el frio y prefiriendo el calor. Sigo amando la coca-cola, el té de manzanilla, el chocolate, los skittles y la mantequilla de maní. Me sigue gustando bailar salsa, merengue y reggaeton. Sigo extrañando las lluvias tropicales… Extraño que llueva con rabia y desesperación.
Ahora también me gusta el jamón Serrano, las croquetas, el pan tomata y el turrón. Desayuno magdalendas, almuerzo a las dos y ceno irremediablemente tarde. Ahora puedo pagar mi renta y hacer cenas dignas de invitar a alguien más. Puedo lavar mi ropa sin que la blanca salga rosa o gris. Ahora entiendo de economía, de contenido y de cambios monetarios. Sé lo que es ser borde, ir a mi bola y lo que es guay. Aunque no me mole decir que algo está de puta madre, ni me descojone de risa y siga pidiendolé a la gente que se corra.
He hecho tantas cosas en tan sólo un año, me he conocido tanto, he llegado a extremos. He estado profundamente orgullosa y profundamente decepcionada de mi misma. He aprendido a perdonarme y a no tomarme tan en serio. … y lo que es muy obvio, he aprendido a conjugar en preterito imperfecto.
Sigo teniendo fobia a las escaleras y diciendo la verdad. Sigo comprando por impulso y durmiendo de más. Sé lo que es un verano en Madrid… Hace más de un mes que cumplí un año en Madrid y para celebrarlo viajé. Para comprobar que aún tengo mucho que aprender, que en mi país hay personas a las que quiero profundamente y a las que estaré unida de por vida. Que para algunas cosas sigo siendo la misma que siempre fuí. Antes de venir alguien me dijo: “La gente dice que París es la ciudad del amor. Se equivocan Madrid es la ciudad del amor.” Aunque para mi esto no es cierto, en esta ciudad (y en otras de la costa oeste) he superado uno de mis grandes temores: no sufrir nunca de lokura de amor. He experimentado una vez más lo que es perder el control para dar lo mejor y lo peor de mi. Sé lo que es tener el corazón herido de dudas de amor y que soy incapaz de guardar rencor.
Nunca imaginé que en un año pudiera caber tanta cosa, aunque sienta que ya no sé escribir. Sin duda soy feliz con esta esquizofrenia tan particular. Que grato es encontrarme vaya donde vaya. Que suerte desde un principio caerme tan bien.
A la memoria de los peces, de los que hay muchos en el mar. Aunque muy pocos valen la pena, los mios han estado a la altura del conflicto. NEXT!


