Imaginaciones mías

En el peor de los momentos se le ocurrió contarme.   En medio de una calma aparente, trató de explicar lo que sentía. Le costaba un mundo y no le alcanzaban ni el valor, ni las palabras.  Dos cosas necesarias para decir para decir las cosas tal cual son.   

Lo peor es que no fue necesario que dijera nada.  Las palabras se le dibujaban en el rostro y sus ojos me gritaban su amor por ella. 

Leave a Reply