De cómo la realidad mató al poeta
Monday, September 10th, 2007La implacable realidad se le colaba como el sol entre las persianas. Destruía poesías, canciones y cuentos. Al relatarlos, estos últimos resultaban en retratos sobre expuestos a la intrascendencia de los hechos.
Los ritos no resultan,
si se cantan a la luna
canciones de apatía.
Son musa que no inspira;
Creyente que recita
blasfemías en poesías.
Todos pensaron que había salido bien librado aquel fatídico día, pero la fractura era interna. De esas que no se ven en las radiografías. El ánimo fracturado le causó una perforación mortal a su esperanza. Su vida transcurría con resignado estoicismo. No escribía desde aquel día, en que, en la sección de poesía (creía él), se dió cuenta de que nadie vive feliz por siempre, ni para siempre.
¡Joven, tenga cuidado! ¡Hace unos meses un señor sufrió una caída desde esa misma escalera! Me alertó la encargada. Sigúió su camino quejándose, cómo si murmura una extraña letanía: Sinceramente tendremos que reubicar los libros de poesía. ¿A quien se le ocurre ponerlos junto a los de filosofía? A ver si queda muerto en vida algún poeta .


