Rigor Mortis
Si los principios fueran las fronteras de nuestro manual de conducta; nuestro límite, la línea que no se cruza. Y los valores fueran, entonces, los criterios con los que están ordenadas las reglas del manual (lo que hago y lo que no). La escala de grises, lo cuadriculado del piso de baldosas sobre el que caminamos.
Las creencias en cambio fueran banderas o estandartes, anclas y lastres. Amuletos, propios y adoptados; de cuentos de misterios (a medias revelados) que de chicos nos contaron. Todo eso que llevamos a cuestas.
Si vivimos según nuestros principios, guiados por valores (cartesianos) con un credo por atavío.
Me pregunto… Si traspasara fronteras, ligerísima de equipaje, siguiendo un mapa de coordenadas esféricas que me regalara mi reflejo. ¿Cuando? ¿Cómo? ¿Donde? …me petrificaras Rigor Mortis.


