Odio mojarme los pies

Se mueve entre las sombras una figura menuda. Camina deprisa por la acera mojada, los tacones no fueron buena idea. Muchas veces me han dicho que no es bueno caminar sola de noche por las calles.

Esta ciudad ya hace mucho que no duerme. Sus noches solían ser placenteras, se disfrutaba del sueño y de los paseos nocturnos. Ahora, ya no es necesario estar dormido para vivir una pesadilla. Atrás quedaron los días en que se miraban las estrellas.

Sus pasos son rápidos y sus latidos se aceleran en la oscuridad entre farola y farola. Por suerte ya no falta mucho. Un gato en un basurero decide darle el susto de la noche cuando hace caer al piso unas cuantas tapas. No te resbales y apurate que vas tarde.

Baja tres escalones y hala una puerta que dice empuje.

Lleva tres horas sentado en la mesita de la esquina, contra al ventanal, lejosde la puerta. A pesar de que ha llovido no hace frío, por suerte aquí nunca hace frío. Mira su reloj y toma un trago. Con su dedo sigue el recorrido de las gotas de agua que resbalan por el vidrio. Finalmente se decide, ya sabía que no iba a llegar. No sé para que vine.

Empuje! Dice ella en su segundo de confusión. De esos causados por agarraderos que invitan a halar aquellas puertas que dicen empuje. Lo siento, te han dejado dicho que ya no más.

Recorre el lugar con la mirada y encuentra la mesa de la esquina, contra el ventanal, lejos de la puerta. Se siente frente a él, esa es su mesa favorita. Hola, me han dejado plantado. Un placer, yo por puro gusto me he mojado los pies. Le dice ella mientras él le ordena un trago.

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